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miércoles, junio 20, 2007

Tulio el Legionario

Cuando lo vi llegar gritando no atiné a adivinar quien era, su aspecto andrajoso no era muy diferente al del resto de los caminantes que se dirigían al cementerio de Gerasa, recuerdo que el sol caía despiadado sobre la tierra suelta, el polvo se metía por la nariz y los ojos.
Los deudos de algún muerto lloraban su dolor con chillidos y gritos mientras el hombre andrajoso gritaba algo que no alcancé a entender hasta que vi al joven rabí frente a él. "Tú que quieres de mi, maldito seas, quitate de mi camino", entonces supe que estaba poseído por alguna fuerza maligna porque comenzó a retorcerse en el suelo mientras su boca escupía una espuma blanca. El rabí tocó al endemoniado, le dijo algo al oído, desde mi puesto no alcancé a escuchar, y de pronto el hombre andrajoso cayó inerte. El gentío comenzó a alborotarse y mi Centurión nos envió a calmarlos a punta de látigo. Cuando el pueblo se dispersó ya no estaba el Rabino.

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