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martes, marzo 17, 2009

De Princesas y otros Cuentos XXVIII

Kutber.
Kutber.
Una voz, mil voces, de dónde provenían, su cerebro no alcanzaba a definir el origen, pero ahí estaban, presentes, claras, diáfanas como una luz que atraviesa la oscuridad de una habitación sin sol. El guardia real se fue despertando poco a poco, fue percibiendo el calor de la chimenea a su espalda, también fue consciente del dolor de sus heridas aun sin sanar, algunas plastas de hierbas medicinales cubrían las más grotescas, eran heridas de una batalla, quizá, no lo recordaba. No había mucho que recordar, se dijo en voz alta y se sorprendió al escuchar su voz reseca, como si tuviera años de no hablar, casi no se reconocía en ella. Aclaró la voz, quiso gritar, pero no salió más que un murmullo de su boca, pudo espantarse, pero ese sentimiento aun no lo conocía. No estaba lejos de hacerlo. Pero ese mediodía, en la cabaña cercana al pueblo, ante una fogata que lo reconfortaba, no sentía temor. Kutber se comenzó a levantar, pero tuvo que desistir de su intento, las heridas aun dolían, el dolor, esa si era una sensación muy conocida.
El anciano se percató de que Kutber estaba despierto mucho antes de que éste se diera cuenta de que lo observaban, sonrió con una boca desdentada, las arrugas de su frente parecieron convertirse en grietas insondables pero sus ojos reflejaron una luz llena de brío, una luz que no se veía incluso en los guerreros más jóvenes y osados. Jasón había vivido muchos años, más de los que aparentaba y muchos más de los que le convenía decir, vertió un poco de caldo en un plato de madera y se fue acercando al herido, el olor a comida comenzó a llenar la habitación, Kutber alzó la cabeza.
-No, no te levantes muchacho –dijo Jasón mientras colocaba el caldo en una mesa de madera junto al guardia real. –Verás cómo esta sopa caliente te repondrá en cuanto te la comas –prometió con una amplia sonrisa.

1 comentario:

Anónimo dijo...

i miss you...