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martes, octubre 27, 2009

De Princesas y otros Cuentos XXXIII

Breve historia de la vieja Meyfair

Han pasado más de cien años desde que la vieja Meyfair se convirtió en aliada del Señor de la Oscuridad, antes de eso era una simple bruja cuyos territorios al norte del Reino, a muchas leguas del pueblo más lejano, eran casi inexplorados, tierra de nadie, tierra maldita decían muchos lugareños.
Gorgos Meyfair nació una noche de tormenta, hija de la hechicera Mellyk Meyfair y el mago Marduc, estaba destinada a convertirse en la mejor bruja que jamás haya existido, pero el Señor de la Oscuridad ya había puesto su mirada en ella, incluso antes de nacer, abdujo a su madre en la cabaña perdida en medio del bosque del Norte, la llevó en volandas hasta el Castillo Negro, a donde el mago Marduc fue a rescatarla no sin antes perder la vida a manos del Señor de la Oscuridad. Fue hasta que Gorgos cumplió ocho años cuando su madre le relató los pormenores de su secuestro y rescate, y cómo su padre Marduc había ofrendado la vida por ellas. A esa edad, la pequeña Gorgos Meyfair se propuso vengar la muerte de su padre, aprendería todos los trucos, hechizos, maldiciones y juramentos, con la única intención de acabar con el asesino de su padre. Pero el destino le tenía otra sorpresa.

Al llegar a la edad de catorce años, Gorgos conoce a un gran hechicero, el Gran Xerontes, jefe supremo de la orden de hechiceros de la Tierra Eterna, un lugar que pocos conocían y más de uno decía que sólo era una leyenda. Gorgos decidió decirle adiós a su madre Mellyk y marchar tras del Gran Xerontes para pedirle que fuera su maestro y mentor. No le fue fácil el camino a la joven Gorgos, pues el entrenamiento con el Gran Hechicero fue duro, había semanas que la condición para comer o descansar era que un hechizo saliera a la perfección. Ese arduo entrenamiento convirtió a la joven Gorgos en la mejor hechicera de su edad, admirada incluso por los ancianos de la Magia. Cuando Gorgos cumplió la mayoría de edad, no sólo era una bruja temida, si no hermosa también, asediada por los hombres decidió recluirse en una cabaña, imponiendo un hechizo que fue famoso en su tiempo: “aquel caballero o príncipe que lograra llegar hasta la cabaña de Gorgos sería dueño de su corazón”, está de más relatar aquí si hubo algún caballero que lograra tal hazaña, sí lo hubo, pero esa es otra historia.

Meyfair no olvidaba su misión, vengarse del asesino de su padre Marduc, pero cuando logró entrar al Castillo Negro, un guardia del Señor Oscuro, uno de sus Hombres de Negro, hechicero también, detuvo a Gorgos antes de que está le clavara la daga de la muerte sin retorno al Señor Oscuro, y en un instante éste atrapó entre sus garras a la hechicera, la encerró en una mazmorra del castillo durante un siglo, alimentándola de roedores y sabandijas, condenándola a la vejez eterna, el hechizo convirtió a la bella Gorgos en una anciana decrépita y horrible para toda la eternidad. Claro que todo hechizo tiene su antídoto, pero no queremos adelantarnos a la historia.

Pasado un siglo de cautiverio, el Señor de la Oscuridad prometió liberarla del encantamiento, pero había una condición, Meyfair tendría que volverse una espía a las órdenes de la Oscuridad. Para ello sería infiltrada en el Palacio Real, con la misión de informar al Señor Oscuro sobre los movimientos del Rey y la Reina. El Señor de la Oscuridad deseaba apoderarse del Reino de la Luz, pero los Caballeros Escarlata siempre lo impedían, era una lucha que llevaba miles de años, pero el tiempo se acercaba, el momento de la Oscuridad había llegado.

Fue así como la bruja Meyfair fue autorizada a usar sus poderes a favor de la Oscuridad, pero no podría liberarse a sí misma. Así que se conformó con esperar, volverse Dama de Compañía de la Reina y a su muerte de la Princesita, con la esperanza de algún día reunirse con su Caballero.

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